Parapapapará, umm… qué bien se está en la terraza, 35 graditos tostando mi cuerpo tras una mañana de estrés, mi música, el sol, un vasito de sangría y el viento moviendo las palmeras, umm, qué bueno. Y sí, no estás, ni quiero que estés, para mí el plato principal. Estuve cocinando con mucho mimo y cuidado, te avisé para el corte de patatas, sabes que nunca se me dio bien, también para las cebollas, ya te dije que me producen un llanto incomodísimo - porfa mira el fuego que no se pase - pero te quedaste mirando al otro lado de la cocina, y mientras mi delantal se ensuciaba, me corté con el cuchillo y lloré sin parar , logré sacar el plato adelante, si señor,salió muy rico, sabroso, en su punto, se deshacía en la boca.
- Perdón, no te he entendido. ¿Qué quieres venir a comer de mi plato? – Ah no, eso si que no. Lo siento, no estás invitado. Cariño no te lo tomes a mal, no es un castigo para que veas la moraleja del cuento, es que si lo último que me apetece es compartir mesa y mantel, imagina ducha y cama. No pasa nada, igual de esta aprendes a cocinar solito ¿Quién sabe? … -