
MUERO PORQUE NO MUERO – Sta. Teresa de Jesús
Qué frase tan sentenciadora. ¿Quién no ha sentido esto alguna vez? Por diferentes motivos, por amor principalmente, en todas sus variantes, un mal de amor, un desengaño, la perdida del ser amado… la agonía te ahoga, te presiona el pecho, quisieras cerrar los ojos y encontrar la muerte para que así esta te traiga la paz eterna, pero agonizas aun más cuando ves que no solo no la alcanzas, sino que la presión es aún mayor.
El sentido en el que Sta. Teresa de Jesús lo recogía es distinto, pero hay un elemento común, la agonía. Diría que esta es producida por la impotencia de no conseguir lo que deseamos, de no alcanzar, de no llegar, soberbia incluso. Esto es lo que me queda tras leerla una y otra vez. El ansia por alcanzar una paz que te inunde, ¿por qué no? Encontrarte con tu propio yo cara a cara, sin reproches, sin arrepentimientos, sin dudas, con tu Dios que te bendice. Pero no creo que esto ocurra en vida, sino el día final, el momento justo de cerrar los ojos, cuando veas “THE END” justo ahí. Porque solo en el momento de la muerte nos reconciliaremos con nosotros mismos.
Pienso en ello, y la veo lejana, sin temor, imagino que vendrá a por mi cuando ya tenga la piel apagadita, lo que llaman “ley de vida”, pero ¿y si me encuentra hoy? No le tengo miedo, pero ahora, aquí, sentada bajo el subte no quiero en absoluto toparme con ella, que se suba en la siguiente parada y se siente frente a mí. La agonía que protagoniza mi vida, los momentos en que ansío de manera desgarradora una paz que me invada y me permita cerrar los ojos y que siempre sea así, se quedan pequeñitos con mis ganas de seguir muriendo poquito a poco, pues en algún que otro momento también es cierto que hallo esa paz en la sonrisa de mi hermana Belen, en las carcajadas con Lola, en las conversaciones profundas con mi madre, en las ocurrencias de Arv, en los proyectos de viajes futuros….
Qué frase tan sentenciadora. ¿Quién no ha sentido esto alguna vez? Por diferentes motivos, por amor principalmente, en todas sus variantes, un mal de amor, un desengaño, la perdida del ser amado… la agonía te ahoga, te presiona el pecho, quisieras cerrar los ojos y encontrar la muerte para que así esta te traiga la paz eterna, pero agonizas aun más cuando ves que no solo no la alcanzas, sino que la presión es aún mayor.
El sentido en el que Sta. Teresa de Jesús lo recogía es distinto, pero hay un elemento común, la agonía. Diría que esta es producida por la impotencia de no conseguir lo que deseamos, de no alcanzar, de no llegar, soberbia incluso. Esto es lo que me queda tras leerla una y otra vez. El ansia por alcanzar una paz que te inunde, ¿por qué no? Encontrarte con tu propio yo cara a cara, sin reproches, sin arrepentimientos, sin dudas, con tu Dios que te bendice. Pero no creo que esto ocurra en vida, sino el día final, el momento justo de cerrar los ojos, cuando veas “THE END” justo ahí. Porque solo en el momento de la muerte nos reconciliaremos con nosotros mismos.
Pienso en ello, y la veo lejana, sin temor, imagino que vendrá a por mi cuando ya tenga la piel apagadita, lo que llaman “ley de vida”, pero ¿y si me encuentra hoy? No le tengo miedo, pero ahora, aquí, sentada bajo el subte no quiero en absoluto toparme con ella, que se suba en la siguiente parada y se siente frente a mí. La agonía que protagoniza mi vida, los momentos en que ansío de manera desgarradora una paz que me invada y me permita cerrar los ojos y que siempre sea así, se quedan pequeñitos con mis ganas de seguir muriendo poquito a poco, pues en algún que otro momento también es cierto que hallo esa paz en la sonrisa de mi hermana Belen, en las carcajadas con Lola, en las conversaciones profundas con mi madre, en las ocurrencias de Arv, en los proyectos de viajes futuros….
