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sábado, 4 de febrero de 2012

Viento



- ¿Oyes? ¡Qué viento!, me asusta, siempre me ha asustado, su ímpetu capaz de arrancar árboles, de agitar mares tranquilos; te sorprende con un portazo de repente, de pequeña al oír el zumbido que pasaba bajo la puerta del dormitorio me hacía creer que eran fantasmas que venían a por mi, me tapaba bajo las mantas y cerraba los ojos hasta quedarme vencida de miedo. Gracias mi amor, gracias por estar a mi lado en esta noche de terrible viento, afuera pueden caer todos los árboles de la ciudad, quizá el zumbido comience a oírse en breve, pero estoy con vos bajo la manta, no hay nada qué alivie más mis temores que sentirte a mi lado. Gracias por estar en mi vida, apenas han pasado cuatro meses y todo ha cambiado. Lo había oído, el amor transforma el agua corrompida en la más pura y limpia. Gracias Diego, te quiero, me callo ya, buenas noches.
- Hola preciosa, no, no te molestes en intentar responderme, si, tenés la boca tapada con esparadrapo, aunque realmente no es necesario, estamos lejos, aislados, nadie puede oírte, nadie sabe que estamos acá. No, no intentes moverte, te harás daño en las muñecas, si, estás atada. Imagino que necesitas una explicación, porque esto no es una pesadilla, es real pequeña, esto si es real, para tu sorpresa los anteriores cuatro meses no han sido más que el preámbulo de este experimento. A alguien le debía de tocar, y mi bella Helena, permíte unos halagos, sos la perfecta candidata: Nadie te va a extrañar, es una lástima que nadie te quiera sin embargo para mí es fundamental, además sos linda, muy linda, joven, más alocada de la cuenta, coqueta, curiosa, traumada, lo siento, de veras, siento lo que me contaste sobre tu dura infancia; ya te vas a olvidar de ella, olvidarás también a aquel novio que te jodió, olvidarás tus remordimientos de conciencia tras los días de joda eterna, te olvidarás de ti misma. Duerme, duerme.
La cuenta atrás ha comenzado.

domingo, 22 de agosto de 2010

II. El misterioso señor de la barba cana y los ojos bonitos


Bajo el techo de estrellas de la plaza te veo día tras día, en alguna ocasión te he visto bajo la luz del día, incluso una vez te vi bajo la luz del amanecer en escenario distinto. En aquel escenario fijaste tus pupilas dilatadas en las suyas, también dilatadas. Le parecieron un laberinto del que no sabía si quería salir, se le notaba, no importaba el tiempo, por una vez el no era dueño de su cuerpo, solo tu laberíntica forma de amar lo era, y entonces se derramó sobre tu piel escurridiza por el calor sofocante de la mañana ya entrada en horas traicioneras de mediodía. A ritmos de tangos, de los tuyos y de los suyos, golpeando el suelo mientras afuera las chicharras tocaban sus melodías desgarradoras. Nada importó durante aquella mañana, un baile de lenguas sinfín seguían a ritmo de Piazzola, cuerpos desconocidos que se encontraban encantados de conocerse, dedos prendidos en los rincones más recónditos provocaban gemidos ahogados en un vaso de ron aguado. De repente el ritmo se paraba, los amantes entrelazados se miraban fijamente, no hablaban, no había necesidad, sus ojos, sus bocas, su respiración lo hacían por ellos, y así cuando esta respiración rozaba lo agonizante volvían a enredarse en el baile sobre la tarima. Podían haber permanecido en este estado un par de días más, seguro, el alimento no era necesario, el agua no faltó en ningún momento, y el deseo podía luchar contra la vida que se sucedía afuera. No fue así, solo duró unas horas más, pero cuando el amante se despidió, quizá para siempre, y ella cerró la puerta, ví desde mi ventana la sonrisa placentera más pura que he visto en una mujer, se desparramó literalmente sobre su cama, exhausta, feliz, y satisfecha.
Luego te he seguido viendo, es lo que tiene vivir en el mismo barrio, pero mi necesidad de Voyeur con los habitantes de la plaza no ha cesado, el ver aquella escena, lejos de saciarme me ha provocado una curiosidad inusitada, desconocida en mi, pero hay algo en aquellas miradas, en tu forma de caminar, de caminar sobre la vida, se que hay algo que no está a la vista, algo en vos que es más profundo, tal vez una inteligencia propia de algunos genios que jamás es vista por los ojos de los demás, tal vez es sólo mi imaginación, sea como fuere seguiré indagando, como hago con el resto de personajes, aunque con vos es distinto. Por supuesto lo haré desde la distancia, a las personas que tienen escondidos los dones no hay que interrumpirlas, son seres libres, y como tales deben desarrollarse, prestarles el silencio si alguna vez lo necesitan, no más, porque hay ciertos silencios que hablan más que todas las palabras del mundo, como el sonido de la guitarra solita, sin voz, sin acompañamientos, no necesita de más, sería un crimen en algunas ocasiones…

martes, 27 de julio de 2010

Número uno: Barba


Quisiera escribir sobre vos, te he imaginado mil veces como un personaje en mil historias que pasan por mi cabeza, incluso puede que en algún sueño de esos raritos que tengo, sobre todo cuando tomo más vino de la cuenta los días entre semana, sin embargo no se como empezar, tal vez sea porque no hay nada que decir sobre tu persona, claro que esto no es solo prepotencia, sino impotencia. Me atraes como personaje, pero supongo que esa parte de sociólogo, psicólogo, o cualquiera de estas profesiones que acaben en logo afloran al conocer a un tipo como vos. Imagino que no debes ser distinto de otros, que como tu, han decidido pasar su vida dando vueltas a una plaza. ¡Qué cojones, eso no se decide! Lo cambio, imagino que no debes ser distinto de otros a los que la vida ha colocado en una plaza como esta. ¡Joder! ¡la vida! Como si esta fuera dueña de nosotros. Bueno imagino que debe haber otros que como vos, viven en torno a una plaza de la que no salen jamás, ahí buscan alimento, al fin y al cabo estas plazas se han convertido en un reclamo turístico y de ocio y la gente que acude a ellas comen con más ojos que con los estómagos, buscan en invierno donde refugiarse de las inclementes lluvias, del jodido frío de una ciudad interior, y del un aún más jodido calor de una ciudad interior del sur. No creo que seas el único, pero si el único que conozco, y dejando atrás la parte de personaje de cuento, como si fueses la muchacha de los cerillos, aquella que moría en una ciudad de la fría Inglaterra en invierno y que solita ella subía al cielo por buena, me atrae pensar en tu forma de ver la plaza, no digo la vida porque, y vuelvo a suponer, imaginar, que para vos la vida es la plaza, y no difiere mucho de la vida de muchos de nosotros. Te levantas, temprano, a eso de la salida del sol, eso sí, a diferencia del resto de humanos mediocres, lo haces al revés, en verano tempranito porque el puto sol sale deslumbrando a las 6:40 más o menos, y en invierno te permites el lujo de esperar a las 7:50, pero como es pequeña la diferencia ahí lo dejaré, madrugas, chico. Luego recoges un poquito tu pequeño refugio, ese que tienes bajo el último arco, el que está cercano a la zona baja de la plaza, hay que andarse con ojo, últimamente entre los que andan como vos, y los que no soportan la presencia de gente como vos… ahí no más, llevamos la misma rutina. No sales en todo el día, en toda la semana, en todo el mes, no se si en todo el año, bueno si lo se, te llevo viendo un par de ellos. Mucha de la gente que conozco no sale de su rutina, incluso toman en esta época del año una cosa que llaman vacaciones, pero no salen tampoco, ellos así lo creen, pero al igual que vos crees que te mueves un mundo al ir de la parte baja a la parte alta, ellos van de su casa al apartamento de la misma playa, siguen madrugando, haciendo la misma comida, acostándose con las mismas personas, y siguen pensando que esta plaza les recompensa año tras año.

Igual vos sos más decidido y puede que mañana cuando baje a tomar la cerveza de las 22 horas ya no estés, y entonces habrá que pensar en cambiar de playa y de apartamento, y de compañera de cama. No sos tan diferente querido barbudito. Buena suerte, si algún día no te vuelvo a ver por la plaza te mandaré mis mejores deseos, desearé que encuentres otra plaza tan linda y con mejor temperatura. Adiós.

martes, 22 de junio de 2010

Adri





Ayer fui a visitarla, tiene mejor aspecto, claro, que aún tiene la mirada ida, supongo que es normal en una persona que se encuentra en su estado. Le conté lo bien que lo habíamos pasado en el cumpleaños de Pablito, lo de mi ascenso, quiero pensar que de un modo u otro me escucha y comparte las dichas, aunque sea para ella misma. De camino a casa, pensaba, siempre que la visito pienso en ello, en cual ha sido el proceso, en que momento comenzó y en que momento terminó. Cada vez que vuelvo obtengo una hipótesis nueva de mis pensamientos, se que no me va nada el papel de psicóloga pero es mi hermana y no puedo evitar profundizar en su psique, al fin y al cabo es lo único que me queda de ella, y es humano cuando se quiere alguien buscar una salvación, una pauta para abrir una nueva vía. Es increíble como lo sentimientos pueden ser tan poderosos sobre nuestras mentes, y cuando son tan insanos como en su relación, te destrozan hasta este punto.

Pensé en lo abrumada que Adri se sentía por la seguridad que Jaime derrochaba, al principio, ella no contaba mucho, solo lo que los demás queríamos oír, que ni siquiera escuchar, pero cada vez se alejaba más. Se que éramos muy distintas y ahora me culpo por no haber entendido lo que ayer de camino a casa entendí. Lo ví en esa mirada ida de la que te hablaba, ya no es una niña, eso lo dice su carnet de identidad, además de que es mi hermana mayor, pero hay algo en ella que me ha hecho comprenderlo todo.

Mientras siguiera con Jaime, Adriana nunca crecería, siempre sería una niñita, pero el tiempo pasa, y hasta ella se percató de ese paso, había dedicado su vida a amar a un tipo seguro, triunfador, mucho mayor que ella, debe ser muy fácil para alguien así enamorar a alguien como Adriana, que de repente es tan dubitativa como decidida, tan frágil como fuerte, tan autónoma como dependiente, y no lo veíamos así nadie en aquella época. Pero no crecería siendo una niña adorable de trece años, no, sería una mujer de 35 encerrada en una habitación de infancia inacabada. ¿Te das cuenta? Ha usado lo que todos veíamos en ella como una mujer independiente y triunfadora solo para demostrar que era capaz de ser una niña de buenas notas y obediente. Ahora recuerdo las miradas entre ellos dos, no eran las propias de una pareja de enamorados, porque el amor es inocente, es puro y te juro que esas miradas daban miedo, ¿Lo entiendes? Adri se miraría al espejo un día y observó que comenzaban a nacer pequeños surcos alrededor de sus grandes ojos verdes, que su pecho ya no resultaba tan turgente, que habría otras niñas que sacarían mejores notas, y en lugar de ver lo atractivo que había en ella se ahogó en esa niñez, en esa relación enfermiza y dependiente, y peor aún, se veía feliz allí y allí se quedó.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

24 de febrero




El olvido de quien fui ni siquiera me duele, el olvido de ustedes señoras y señores que me deseaban apenas me acaricia, el olvido de las luces que iluminaban mis destrozados pies ni siquiera me ciega, el olvido de la música, ese es el que me destroza. Maldita hija de puta ¿por qué no haces el intento de recordar como danzaba para vos? Eres una perra pedante, egoísta y egocéntrica ¿Por qué no te apiadas de mi soledad? Te estoy gritando que solo a vos te extraño, te imploro que resuenes en mi corazón para así poder expresar de la única forma que conozco. No se amar, solo sabía escucharte y dejarme llevar. La disciplina de años y años no eran nada porque tu acompañamiento lo inundaba todo, te suplico que vuelvas a mi, no podés hacerme esto ahora, tengo 36 años aun puedo darte más. Lo peor de aquél 24 de febrero fue perderte para siempre, maldito golpe que no me dejó inválida, que para muchos tuve suerte, que sólo me quedó una secuela, una secuela milagrosa para la ostia que me dí, eso dijeron.

Imposibilidad de usar el sentido del oído, perdida de la capacidad auditiva total.

sábado, 22 de agosto de 2009

La vida es sueño

Ya no sueño, qué si la marquesa, qué si llegaba al trabajo desnuda, qué si mi vida sería maravillosa, a diferencia del resto de mortales cercanos a mí… ya no sueño, ahora vivo despierta continuamente, siempre con los ojos bien abiertos. Camino observando todo y queriéndolo consumir de momento, siento la necesidad de más, de lo que está más lejos, pero no de lo que aún está por llegar, porque ya no sueño. Paseo con las gafas de sol, como ya no sueño tengo los ojos rojitos, y miro al cielo y respiro y soy consciente de mi cuerpo, de que mis piernas suben la cuesta, y me alegra esta consciencia, me da paz. El sueño del futuro me producía desasosiego, de quién podría ser y no era, de lo que podría tener y no tenía, de lo que tenía que haber hecho y no hice, de los sentimientos y deseos que me podía permitir y de cuales no, y así continuamente. Soñaba, pero no vivía en aquél momento. Ya no sueño, no seré la rica heredera, eso lo sabía, pero mira tampoco seré la esposa perfecta que trabaja, está mona y se ocupa de sus adorables niños, y esto no lo sabía, ahora no se quién soy ni quien seré, poco importa si en lugar de soñar vives, ríes, lloras, no desfalleces por no llegar a la meta porque no hay meta, solo caminas y caminas, y saludas a la señora panadera con una amplia sonrisa, y recuerdas con tu amiga de la infancia los juegos que os divertían, y discutes con tu amigo de la edad adulta por el destino de las vacaciones, y sales a correr por la ciudad, y disfrutas de ese vino gustoso con una buena carne para acordar definitivamente que te vas sola de vacaciones, y… vivir y no soñar, porque la vida es sueño (esto último ya saben, lo escribió Calderón en 1635 y como acertó)

viernes, 22 de mayo de 2009

AMNESIA


No recuerdo nada, se lo dije ayer, se lo he dicho esta mañana, no se que hago en este hospital, no se que hemisferio del cerebro tengo más desarrollado, si me gusta leer, cocinar, los hombres o las mujeres, no recuerdo nada ¿Es qué no me entiende? Tal vez haya olvidado expresarme de manera correcta para que los demás me entiendan…
Jodida médico sabionda, no se si es que no me cree o que nunca ha tratado un caso de amnesia. Es curioso, porque se de la existencia de la amnesia por la cantidad de pelis que he visto, y más curioso aún, claro por eso la cabrona no me cree, recuerdo detalles insignificantes, me veo de pequeña jugando al elástico en el barrio, pero no se que barrio es, veo un televisor sobre un aparador horrible, pero no se a qué casa pertenece. Cierro los ojos y trato de hacer memoria, pero sinceramente no me esfuerzo demasiado, pienso que tal vez es el mejor momento para comenzar de cero. No tengo ni puta idea de cómo era mi vida, quién soy, tal vez soy una arquitecta de prestigio, tal vez maestra en un colegio de pueblo perdido, tal vez una mantenida casada con un viejo ricachón, ni idea… Sea quien sea, hay algo en mi que me pide aprovechar la ausencia de recuerdos importantes, tanto que no se para que sirvo, si soy útil o inútil. Al fin y al cabo ¿qué son los recuerdos? ¿Son ciertos? Tal vez los inventemos para crear el personaje que nos convenga en el momento adecuado, negamos haber amado a alguien que ya no está en nuestras vidas porque ahora amamos a otro, negamos que un día nos gustaba tal música porque ahora descubrimos que el jazz es lo más, negamos que fuimos malos hijos porque hoy somos buenos padres, reinventarnos una y otra vez , eso es la vida. Y si lo hacen aquellos que no sufrieron un trauma como el mío, ¿porqué no reinventarme yo totalmente? Una nueva identidad, pero de manera franca, sin negaciones que mi corazón y mi cabeza conocen.
Bueno, voy a pensar que le digo a la Sra. Doctorcita cuando venga, voy a simular un ataque de recuerdos, pero antes he de pensar quien quiero ser, joder esto va a ser más difícil de lo que creía…

lunes, 30 de marzo de 2009

TACTO


Llevaba poco tiempo en la ciudad, a ratos me emocionaba con tan grandiosa oferta de ocio, gente por todas partes, grandes monumentos, los mejores museos del país, y a ratos me desconcertaba, ahora ya ni recuerdo porque vine, como y qué me trajo acá. Aquel día salí a pasear, pues si bien es cierto que la ciudad ofrecía oportunidades maravillosas más cierto era que yo ando sin un mango en el bolsillo, no me esforzaba en buscar trabajo, mis manos como jardinero un día, como paseador de perros otro, como… como lo que surgiese, eso sí, no todos los días, quería conocer aquel lugar y poco más. Y así paseando por calles nuevas me hallaba, me entró un poco de frío, no es que yo sea muy friolento, pero el cielo comenzó a colorearse de un tono gris que nada bueno predecía, y eso que era 25 de abril, la primavera, la puta primavera , ahora sí, ahora no, la muy zorra no se decide, te da un rato de calorcito, un calor agradable tras el cruel invierno y cuando te estás acomodando te da la espalda y te lanza una tarde como aquella, será calentona…
Me rasqué el bolsillo y entré en un bar, pintaba muy lindo, me senté en la última mesa, me gusta observar a la gente que entra, pedí un te y decidí que pasaría gran parte de mi tarde en aquel sitio, jazz de fondo y personas que entraban y salían sin parar, no tenía nada mejor que hacer, pero no ocurrió así. Pelo negro, despeinada, con cara despistada, grandes ojos y labios carnosos, nariz pequeña, y si, ese aire despistado me hizo no quitarle ojo de encima, si, tenía un cuerpo riquísimo, pero no fue eso lo que me provocó tal interés. Se sentó en la barra, pidió un capuccino y oí como le preguntaba por una calle al camarero, era mi momento, el tipo le contestó que no sabía, yo tampoco, pero me acerqué y previa excusa por entrometerme en conversación ajena le dije que si quería le acompañaba a la calle una vez nos tomásemos el café. Ella accedió y se sentó en mi mesa, estuvimos conversando sobre nuestro papel en aquella ciudad, ambos extranjeros en la inmensa urbe. Su voz ronca me ponía muchísimo, era una mujer extrovertida, diferente, pasaba el rato y allí seguíamos, como si dos amigos que no se ven en años se reencontrasen, hablábamos sin parar. Era tarde, le pregunté que si aun quería saber donde quedaba aquella calle que buscaba, su mirada y su sonrisa de medio lado contestaron, no hicieron falta las palabras.
Fuimos al departamento que yo tenía alquilado, por suerte era cerca, nos tomamos una copa de vino, era lo único que le podía ofrecer. ¡Dios! como nos besamos, qué química, es tan difícil describir cuando algo así ocurre, mis ojos se clavaron en los suyos, comenzó un baile de lenguas sin fin, la respiración se agitaba cada vez más seguida, la saliva recorría nuestros cuerpos, el pelo despeinado le cubría un poco la cara, pero dejaba entrever sus labios, estaban aún más carnosos si cabía, nos mordíamos, nos arrancábamos la piel con caricias violentas, sexo oral a embestidas, más besos…hicimos el amor una y otra vez, se quedó dormida boca abajo, su perfil no se borra de mi mente, tenía un culo poderoso, le acariciaba desde la nuca hasta el sexo, estaba tan suave, tenía una piel tersa, era, y odio ser así de cursi, como si de un pétalo de rosa se tratase, no me había percatado de su tacto hasta ese momento. La pasión desgarradora me había impedido centrarme en esto, en su piel, en su pelo, estaba enredado pero lo notaba entre mis dedos como seda. También yo me quedé dormido, vencido de tanta belleza, los párpados me pesaban.
Los rayos del sol, comenzaban a incomodar, la jodida primavera había decidido que aquella sería una mañana soleada, abrí los ojos y ella estaba a mi lado, aún dormía. La observé detenidamente un rato, siempre me gustó observar dormir a los niños, a las mujeres lindas, a los viejitos, sentí que un calor invadía mi cuerpo, que mi sexo se henchía, recordé la danza que nuestros cuerpos representaron la noche anterior, tuve la necesidad imperiosa de acariciar suavemente su sexo, que mis dedos quedaran prendidos de su clítoris, sus labios estaban aún hinchados y aún sin tocarla sabía que estarían suaves y listos para volver a hacer el amor, notar su calor interno, la habitación aún huele a lo de anoche. Así lo hice… ¿qué coño pasa? ¡joder! Tengo la mano dormida, no siento nada, no noto si está fría o caliente, suave o áspera, pruebo con la otra mano, nada, tampoco, ¡Dios! ¿qué me está pasando? Ella despierta y me dice que le estoy haciendo daño, qué si soy gilipollas, qué si… ¿cómo le explico que no tengo tacto? Le pido disculpas, finjo que no ocurre nada, me perdona, me besa y … qué angustia, no siento sus besos, su lengua, su cuerpo está sobre el mío, es bellísima, es una mujer increíble, pero no la noto, no se qué está ocurriendo, ¿Cómo fingir esto? Se asusta, se viste rápidamente, le grito que no se marche, que me ayude, me llama loco, se va, se ha ido. Es cierto me estoy volviendo loco, me ducho y no se si el agua está caliente o fría, no puedo dejar de mirar el mango de la ducha si lo pierdo de vista se me cae, ni siquiera noto que recorra mi cuerpo, salgo no me seco, qué más da, voy a la cocina, tengo que probar así, es duro, pero algo he de hacer, abro el cajón de los cubiertos, ahí está un cuchillo de carne, con sierra, con la punta bien afilada, me pincho la yema del dedo, sangro un poco pero nada, ni siquiera ese pequeño cosquilleo del pequeño corte, voy un poco más lejos me hago una pequeña raja, sangro aún más, nada, nada, desespero, otro corte, esta vez más profundo, nada, comienzo a sentir que la tensión me baja, pero la respiración se agita, el corazón bombea fuerte, no puede ser cierto, ¿Cómo no sentir un corte así?, mis ojos fijamente en el cuchillo para que este no caiga al suelo, lo dirijo con la mirada al brazo, un corte, otro, sangre, la huelo, borbotea, lo único que siento es que pierdo la fuerza, agonizo, sigo cortando, ¡Quiero sentir! , me estoy mareando, hago el esfuerzo por sentir el dolor del cuchillo en la muñeca, nada, nada…

lunes, 9 de marzo de 2009

La ventana

“Su felicidad se construía con los recuerdos de lo sucedido o imaginando aquello que iba a suceder, y nunca con aquello que precisamente estaba sucediendo” “Nada en él sin embargo hacía sospechar tal cosa, pues tenía cierto dominio de si mismo y su mirada soñadora prometía cosas, y su dulce ademán se hacía querer” Este es el personaje que protagoniza el libro que estoy leyendo, y sin ninguna intención asoma a mi lado una leve y triste sonrisa de medio lado al reconocer en este personaje de papel, magníficamente retratado, a algún personaje un poco menos de papel, pero igual de triste. Dedicando su tiempo a mirar por la ventana y pensando si debe bajar a jugar a vivir como hacen aquellos que contempla, se lo piensa demasiado, -¡Mira aquél!, se ha caído saltando más alto de la cuenta queriendo sumar casillas y ahí está, solo, con lágrimas por la pequeña herida, uy no,no, yo no bajo- Y así con el miedo a hacerse pupa jugando a la “tanga” se queda tras la cortina. Se siente protegido, pero desgarradoramente solo, sin testigos de sus temores y deseos, es tanto el miedo al dolor que al igual que el personaje de ficción “ha aceptado la inercia de su declive”.

martes, 4 de noviembre de 2008

Culpabilidad



- No puedes imaginar lo mal que la encontré, era como un animalito desvalido, desnuda, en un rincón de su piso, con la piel mortecina, sus grandes ojos negros estaban pequeñitos de tanto llanto, tan flaquita, tan pequeña, tan triste… es increíble como la tristeza había acabado con esa mujer que era todo arrojo, belleza, fortaleza. La tomé en mis brazos con mucha delicadeza, no sabía si tendría algún daño corporal por la postura que había tomado, al acercarme a su rostro observé que estaba deshidratada, los labios ensangrentados. La arropé en su cama, le preparé algo caliente, que por supuesto no tomó, y ahora me siento culpable. Tal vez no debía haberla llevado al hospital, hacerme yo mismo cargo de su recuperación, créeme no sabía que hacer, tuve que ser frio y objetivo, lo importante en aquel momento era su estado físico, me sentía tan impotente…
- Deja de culparte, lo que hiciste fue lo más correcto, no seas tan romántico, tu solo no habrías podido con ella, además, y perdona que sea tan dura, ella no te ha amado nunca, y no sólo eso, dejó de amarse a sí misma el día que ese hombre entró en su vida, se abandonó, y solo el tiempo, mucho tiempo podrá curarla, si es que tiene cura. Te repito que hiciste lo correcto, si no es por tu añoranza por ella e insistencia en verla fuese como fuese imagina lo que podría haber ocurrido, porque está claro que si por ese tipo fuese ella no estaría en esa cama intentando sobrevivir.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Elena 1975


En aquellos días comían de la vocación, no era como hoy, todo ha cambiado tanto… entonces lo último que se le ocurría a un joven era dedicar sus mejores años al estudio de unas putas oposiciones a un aburrido ministerio, trepar para ser antes de los treinta y cinco un ejemplar directivo de la mini empresa explotadora de turno, al ahorro compulsivo para la entrada de un pisito mono a las afueras, por supuesto a medias con la pareja perfecta aquella que conoció en primero de facultad… Todo ha cambiado, aquella libertad por la que Elena y sus compañeros lucharon se convertiría años más tarde en esta engañosa calidad de vida. Pero allá por el 75 no había atisbos de esta tragedia y en este caso Elenita fue a parar a una ciudad demasiado lejana. Mientras, su padre, un buen hombre, si conservador acérrimo, vale, pero era su padre, la extrañaba, era la menor de tres hermanos varones, se castigaba por no haberle permitido ser ella misma, pues la conocía y debía haber previsto que esto era lo que ocurriría. – Elena- decía él con tono calmo y severo- no sigas por ahí, eres incorregible, anda ve a la escuela parroquial que te espera tu prima Pili- ¿Por qué no supo tratarle como lo que era? una mujer diferente a su esposa, a su prima Pili… Ya era tarde, estaba muy lejos de casa para cuando reconoció a su pequeña, el, que le dio todo, un buen colegio de monjas para que se formase como una perfecta señorita, eludía hablar de política para que sus hijos no tuviesen dudas sobre el bien y el mal, pues ya sabía donde radicaba y con esto bastaba. Así fue, sus hermanos varones no lo dudaron, Carlos se casó con la hija de D.Alfonso, el gestor de los pequeños negociantes del barrio, y allí mismo se colocó. Juan abrió un pequeño taller mecánico a dos calles de su casa, un golfillo, pero eran los años setenta y el un pincel con dineritos, y Jesús se quedó en casa de mama y papa, el eterno estudiante de derecho, la promesa de la familia. - ¿Qué hicimos mal con Elena entonces? – se preguntaba este pobre hombre sentado en el balcón esperando verla volver cabeza gacha. Había marchado poco a poco, lejos, muy lejos, donde jamás la gente del pueblo habría imaginado. La sociedad mundial cambiaba, y ella había llegado a una ciudad en la que para empezar no entendía el idioma, pero que importaba, hay lenguajes que son universales, y más en una ciudad como Nueva York, mientras que en su país se ejecutaban los últimos fusilamientos y se daba paso a un nuevo régimen, ella se abría paso en un continente totalmente desconocido, para ello estaba el Profesor Adams, especializado en literatura latinoamericana, gran conocedor de autores españoles, arrogante como el sólo, sarcástico, embaucador, pantalón campana, melena cana sobre los hombros, y una mirada que derretía a aquella muchacha con pinta de lo que era, una provinciana de país dictatorial, tapadita, tonos grises y marrones. Como dijo Balzac “la indumentaria es la expresión de la sociedad”, y ella había aterrizado en un lugar donde las flores habían estallado hacía ya tiempo y la silueta femenina marcada en pantalones de talle alto tenía gran protagonismo en aquellas mujeres. Aquella ciudad, que en ese mismo año había tocado fondo y se tuvo que declarar en bancarrota te suena, ¿no? Ya sabes los ciclos de la economía, bueno, el caso es que esta con quiebra y todo la acogió y la convirtió en la mujer que es hoy.
Por aquel entonces contaba 20 años de edad, una mirada aun de niña que todo lo quiere aprender, cuerpecito de pecado, y con una cabeza demasiado inquieta, a veces ella misma se asustaba, jamás estaba relajada, todo el día maquinando qué hacer en los minutos libres, - qué no se escape el tiempo que no vuelve – se decía a sí misma continuamente.
No era usual una chica de su país en un lugar como este. Hoy todos vamos a nueva york, incluso como el que va a la bodeguita del barrio, acudimos para rentabilizar nuestros super euros en ropa de diseñadores por la Quinta Avenida, objetos electrónicos, música, libros, etc, pero en el 75 esto nos quedaba muy lejos, lo suyo era Londres, of course, lo de irse a la aventura a NY no pasaba ni por la mente, eso sí, no olvides que esta chica era diferente y tenía necesidad de huir muy lejos. Sus necesidades, ya me entenderás, eran diferentes…

domingo, 21 de septiembre de 2008

Elena 1974

Quisiera plasmar con fidelidad los hechos que acontecieron hasta el día de hoy, las aventuras y desventuras que debiste correr en los primeros años de tu juventud, la racionalidad temprana que te llevo a ser la persona que hoy eres, la expoliación de tu inocencia, etc… pero esto es imposible pues nadie, ni siquiera tu es capaz de recordar con fidelidad cuando se ha sufrido y amado como tu. Así que con tu permiso, recrearé en mi mente a partir de tu partida una historia que siempre imaginé.
Una historia en la que la joven Elena marchó de su pueblo, un pueblo grande pero al fin y al cabo un pueblo, marchó cuando las mujeres aun carecían de iniciativa, supongo que por esto mismo marchó, en aquel entonces asombraba su curiosidad política, sexual, estética, algo que hoy no parecería en modo alguno fuera de lugar, debido a la posición que hoy treinta años más tarde tenemos. No olvidemos que aquél país estaba sometido a la vigilancia continua, a la felicidad impuesta de domingos de misa, estofado de patatas día si y día no, mujeres sumisas a hombres donde de puertas adentro lo que sucediera por violento que fuese no dejaban de ser disputas matrimoniales, nada que no se arreglase con un padre nuestro. Pero ya estaba cerca la explosión y Elena lo intuía, su alma inquieta no pudo y marchó. Guiada por consignas que lejanamente venían de otros lugares, paz, libertad, amor… confiada, pues no tenía nada que perder, sola, imagino que en alguna ocasión estuvo asustada, pero todo estaba cambiando, y ella lo disfrutaba, por fin encontraba otras Elenas en el camino, también huidas de sus pueblos en busca de la ansiada y famosa libertad, la explosión había llegado y los jóvenes del continente estaban deseosos de compartir, de amar… Era el escenario perfecto para una chica como ella, y en aquel escenario hizo su aparición estelar el personaje principal del primer acto, el sabio profesor maduro, maestro en apariencia de todo tipo de disciplinas, pero sobre todo de la práctica del ardid más elegante, el personaje perfecto del que engancharse…

viernes, 20 de junio de 2008

Mi Sra. esposa: Libertad

Por ahí va Martín, con su andar peculiar, su mirada perdida, su rostro marcado por el paso del tiempo, un tiempo que ha corrido quizá más de la cuenta a los ojos de quien le ve caminando por las estrechas calles de la ciudad. Aparentemente este hombre parece haberse casado con la Libertad, con ella tiene un hijo llamado espíritu libre, pues vive al margen de toda regla impuesta al resto de la sociedad, come cuando las musas le inspiran y a cambio de esta inspiración recibe unas monedas, da igual que tipo de inspiración, hoy un cuadro naif, mañana un pastel vegetal, pasado joyas de materiales reciclados, al otro tal vez el día esté negro y a las musas les da pereza salir en su busca, entonces no hay para comer, eso sí, es libre. No tiene que verle el careto al capullo del jefe cabreado por su insatisfactoria vida sexual, no tiene porque despertar al lado de la misma mujer por muchos años que le caigan encima, no tiene que andar haciendo números para pagarle los estudios al niño… Sin embargo aún sigue caminando por las angostas calles de esa ciudad asfixiante que odia, aún hay noches que no sabe donde dormirá la siguiente, pues probablemente no tendrá un mango para seguir pagando la pensión, aún teme hacer un llamado a su padre, a un hermano, a un hijo, porque desgraciadamente nadie le entiende, pues éstos no son más que borregos de la sociedad actual…
Sigue su camino y sin saberlo ninguno, se cruza por una de esas calles con un tipo igual aunque aparentemente distinto.

Por ahí va Jaime, por las anchas avenidas de la misma ciudad, éste no va a pie, aparca en doble fila casi en la esquina, es un vehículo de marca, reluciente, del que no daré más detalles porque no me interesan lo más mínimo. Rebosa seguridad, porque aunque éste si esté casado con una mujer de carne y hueso, también considera como su esposa legítima a Libertad, pues vive al margen de lo que él considera imposiciones absurdas, trabaja 15 horas al día en el estudio porque ama sus creaciones, perdón, sus carísimas creaciones, detalle éste que le hace más libre, pues no tiene porque verle el careto al capullo del jefe cabreado por su insatisfactoria vida sexual, no tiene porque despertar al lado de la misma mujer por muchos años que le caigan encima, no tiene que andar haciendo números para pagarle los estudios al niño… Sin embargo aún sueña con despertarse al lado de una mujer a la que ame de verdad, aún teme cambiar el color de la camisa por si a sus clientes les diera por decir que es un modernito, aún teme hacer un llamado a su amigo de toda la vida porque ahora están a distintos niveles y éste no le entendería…

El caso es que Jaime se había bajado a comprar tabaco al bar donde hacía esquina la callejita del casco histórico con la gran avenida, cuando tropezó con Martín, se miraron al disculparse, pues entre otras cosas les unía una educación exquisita, y se encontraron por un segundo delante de un espejo. Así es, ambos estaban casados con la misma, perdón de nuevo, con el mismo, porque ellos sabían en su interior quien les tenía realmente atados en esta vida. Podía haber sido aquella hermosa mujer llamada Libertad, pero la realidad era bien distinta, pues Libi pasó de largo hacía demasiado tiempo, cuando el Sr. MIEDO les atrajo con su falsa apariencia.

jueves, 1 de mayo de 2008

MENTIROSA

Había una vez una niña, llamada Paula, que vivía con sus padres y sus dos hermanas Angela y Laura, tenían una bonita casa de dos plantas, en la planta superior había una buhardilla enorme decorada en tonos pastel, donde Paula y sus hermanas se pasaban las tardes jugando a las casitas, claro está antes de que su preciosa madre les llamase la atención a la hora de estudiar, pues debían ser mujeres de bien el día de mañana. Las tres niñas y la mama al atardecer se reunían delante del ventanal principal a la espera del padre que terminaba su jornada laboral.
Eso soñé, bueno creo que la forma verbal correcta sería “eso soñaba”, pues de estos sueños ya hace mucho tiempo. Hace tanto que a veces se me olvida, pero hoy, de camino a la nuevo oficina, me he tropezado con una chica que salía del ascensor con la mala suerte de haberle provocado el desorden de papelajos que llenaban su carpeta Loewe de cuero marrón, ahí, tirados por el suelo en la puerta del ascensor. Le ayudo a recogerlos y al alzar la vista le miro a los ojos, la he reconocido, es Ana, mi amiga, mi amiga del alma durante la pre adolescencia. Tenía en ese momento tantas ganas de abrazarla, de invitarla a tomar una cerveza y que me contase de su vida… no pude, no puedo. Aún siguen en mi los temores de aquella niña de 13 años que contaba mentiras sobre su vida al restos de las niñas de la zona norte de la ciudad, esa niña siempre vivirá en mi y las mentiras del pasado me persiguen a día de hoy, con seguridad, mañana también.



Y así un día tras otro, mentira tras mentira me voy forjando, no voy a decir que ya no se ni quién soy, pues si esta frase está muy manida entre el resto de mortales ¿qué queda de mí misma? Sólo este galimatías, verdades que son mentiras, mentiras que son verdad…

domingo, 20 de abril de 2008

Sueños

Un cuarto de baño muy pequeño, más bien un aseo, estrecho, por este orden al abrirse la puerta, a la izquierda, lavabo, wáter, placa de ducha y pare usted de contar, los azulejos blancos, algunos picados por el paso del tiempo y la mala calidad. Una niña abre la puerta, con los ojitos aún a medio abrir, su madre frente al espejo que hay sobre el lavabo se pinta los labios, son las 7.40 de la mañana.
- Mama, ¿sabes lo que he soñado esta noche?.
- Luego me lo cuentas cielo, mama va con prisa al trabajo.
- Pero es que ha sido tan real … ¿crees que ha podido suceder mientras yo creía que dormía?
- No Sofía, los sueños, sueños son, y tu tienes una imaginación desbordante. ¿Por qué no hacemos una cosa? Aprovecha que recuerdas con exactitud tus sueños, los escribes, los adornas como en los libros que te doy para leer, y cuando llegue del trabajo los leo. Te sorprenderás cuando los encuentres en una caja de mudanzas llegado el momento de tu ser adulto.
- Pero mama… yo … ya no me acuerdo ¿ves? Además me hago un lío cuando me dices que escriba lo que me transmiten los libros que me regalas, yo cierro los ojos y es increíble, porque aunque los demás no lo vean yo vivo a ratos en esos mundos, pero escribir lo que solo yo veo es muy difícil mami, no soy tan inteligente.
- Si lo eres, eres y serás todo lo que quieras ser. Ahora venga no te entretengas más, lávate y date prisa llegues tarde al cole.

Han pasado como 20 años, un soleado día de marzo, Sofía a sus 29 años cargaba ya tres mudanzas a sus espaldas y decidió que en esta había llegado la hora de tirar las cosas viejas que guardamos porque nos da penita pero que ocupan mucho espacio. El piso estaba genial, con vistas al casco histórico de esta nueva ciudad que se abría paso ante sus ojos, de nuevo tenía que comenzar de cero, le hacía mucha ilusión, porque siempre había sido una niña inquieta y como mujer no podía estarse mucho tiempo en un lugar. Era un edificio muy antiguo, había alquilado la buhardilla, era pequeñita. Estaba sentada en el suelo, yo sentada en la cama. Sin venir a cuento me dijo que por favor me marchase, que me agradecía la ayuda pero que prefería desembalar lo que quedaba poco a poco ella sola. Cuando me fui, se me quedó grabada la escena, ella en el suelo con una especie de diario en tonos vainilla y rosas, con ositos, típico regalo de cumpleaños en las niñas de nuestra generación. Tenía la mirada perdida, no estaba en aquél lugar, desconocía el contenido de aquel librito y francamente me intrigaba.
A los dos meses Sofía recogió sus pertenencias y desapareció. Yo lo tomé como una huida, no entendía nada, desde aquella mañana en que me pidió que la dejase sola, apenas sabía de ella, iba a la oficina de la agencia de viajes donde trabajaba y poco más. Un día sin más desapareció totalmente, en plena ebullición de la primavera.
Ayer recibí una carta suya, algo que a día de hoy me sorprendió mucho, hacía años que no recibía correspondencia que no fuese del Sr. Banco, del Sr. Ayuntamiento, pero de amigos no, ¿para qué? La nueva correspondencia era electrónica, mucho más rápida, más divertida… pero la emoción de ver mi nombre escrito con su letra me embargó aun antes de abrirla. Primero de todo pedía disculpas por su comportamiento, por su huida, para después contarme con las más dulces de las palabras, que de nuevo andaba en su ciudad natal, trabajando en una panadería de su barrio por las mañanas y que las tardes las pasaba en la residencia donde su madre pasaba los días desde hacía un par de años, enajenada y con los recuerdos perdidos. Me contaba que pasaba las tardes a su lado en un banco de piedra del jardín de aquél lugar, leyéndole los sueños encontrados de su infancia, escribiendo cuentos para niños curiosos y que era muy feliz, no sabía por cuanto tiempo, pero de momento las lecturas por las tardes a su madre, escribir de noche tras su visita, y tratar con la gente del barrio por las mañanas le hacía feliz.

lunes, 14 de abril de 2008

Cabreos y prozac



Miro el reloj, es buena hora podría ir a la biblioteca a estudiar, podría salir a correr que hace muy buen día, podría llamar a Sofía para tomar algo al solecito, podría, podría, podría…. Pero no puedo, no se que coño me pasa me siento paralizada, doy vueltas por el piso, me siento en el suelo aprovechando que un rayo de sol entra por el dormitorio de invitados, el que da al patio de luz, pero el sol, que a mi me da vida, no es capaz esta vez de hacerme dar un brinco y continuar con el día. Siento un peso enorme sobre mi cabeza, sobre mi corazón también, y esto último es peor, no puedo levantarme del suelo, lo intento de veras que sí pero no lo consigo, y decido pasar lo que queda de hoy compadeciéndome, me voy a permitir el lujo de cabrearme conmigo misma, porque no tengo ningún problema real, es cierto pero yo, ahora no me encuentro muy fina, en realidad siento coraje, mi vida es un desastre, estoy inaguantable... Al fin y al cabo dicen por ahí que la convivencia es algo difícil, y mira va a ser que sí, porque yo convivo todo el día conmigo. Suena el despertador y ahí sigo en la misma cama donde me acosté, en el trabajo también, y oye eso de trabajar con la misma persona con la que te levantas tiene su tarea, no creáis que es tan romántico. Pues claro, llega una hora de la tarde de un día cualquiera y por una chorrada saltas, sin saber porque.
Al hilo de este cabreo me planteo llamar a alguien para contarle de mi enfado, y ahí es cuando me siento perdida. En otra ocasión, si vives con tu pareja, vas a tu madre, a tu amiga, a la vecina yo que se… y le cuentas que has tenido un malentendido con la otra persona, que es más bien “un ganas de reñir” que decían los Quintero, el caso es que necesitas desahogarte y ya está. Probablemente tu interlocutor te dirá “ va, eso no es nada, ya verás como se os pasa, son cosas de pareja, y las relaciones son un tira y afloja, hay que aguantar a veces, pero tu eres muy feliz, no te preocupes que esta noche se te ha olvidado” Un consejo muy manido por todos ¿verdad? Pero ¿qué ocurre cuando te cabreas contigo mismo? ¿Cómo comunicar este malentendido con tu propio yo sin que el otro te considere un loco? Seguramente pensará que la soledad puede conmigo, que una depre me está amenazando, y lo que es peor le causaré una inútil preocupación, me proporcionará gratis una caja de prozac de su madre, que como es pensionista se las dan como churros. En definitiva, aún hay quién no entiende que en la soledad deseada se vive bastante bien, pero que como en todas las situaciones de la vida, a veces tropiezas y no significa que el divorcio esté amenazando tu vida :-D
Dedicado a los que se tropiezan en cualquier modalidad y se levantan y se van a tomar el sol, o a cantar bajo la lluvia.

miércoles, 9 de abril de 2008

Sos muy linda

En una cafetería, sobre las 20:00 hrs,un hombre y una mujer sentados al final, él de espaldas, ella de frente, en una gran ciudad:

El: Uno se de despierta una mañana, se mira en el espejo, y dice “ya no soy joven” sale a la calle y los jóvenes te dicen “señor”, pasaste a otra sección, eres viejo. Pasa el tiempo, se te cae el pelo, se te cae todo, disfrutas de la buena comida, engordas… sin embargo a pesar de que vino el derrumbe, la hecatombe, vos sentís que sos joven, que estás lleno de energía ¿y que haces con ella? Porque no está bien visto que un hombre haga las cosas de un joven, yo no puedo gustarle a una chica de 18 años… porque yo ya soy un adulto…vos, este… a propósito, que ¿edad tienes?
Ella: (risas) veintitrés
El: pareces menor, pero bueno, a ver si logro terminar. Ese día preguntas ¿Qué he hecho yo de mi vida? ¿Qué me pasó? ¿Y mis ilusiones jóvenes? ¿Dónde están?
Ella: es injusto, hiciste cosas maravillosas…
El: Gracias, puede ser, pero eso no evita que yo tenga este sentimiento. Me quedé en la superficialidad de las cosas, lo único que hice fue nadar y nadar a brazo partido para tratar de no ahogarme en el fango, suena pretencioso, pero gráfico ¿eh?. Todo esto es para decirte que soy una buena persona, humilde, sencillo, y con una enorme frustración sentimental
Ella: (mira el reloj), Me tengo que ir
El: Quédate conmigo esta noche
Ella: ….


No sé ella, yo seguro que me hubiese quedado con aquél tipo que aseguraba ser buena persona, con sus frustraciones y sus ojos ávidos de ella, de su vida. Lo que no se es que hubiese hecho él a partir de esa noche, nunca lo sabré.

domingo, 6 de abril de 2008

Sabores,olores...

Tu boca
Mi boca
Sangre
Miradas lascivas
Gemidos
Mi boca de házmelo todo
Más sangre

¡Joder! Me has arrancado un trozo de labio

Tu boca
Mi boca
Tu dedo
Mi lengua
Sudor, sangre...

Y esto es lo que recuerdo, me decía Juana anoche en el Soul , ambas con varios “gin tonics”, no se si ha sido un sueño, una peli porno del plus codificada, o tal vez fue Julia que se puso bruta, no se, no me acuerdo, pero estuvo genial fuese lo que fuese.

miércoles, 2 de abril de 2008


Gente, gente, más gente, de un lado para otro, cada uno de ellos en una dirección, mientras yo ando perdido, no se cual es la mía, y siento que me ahogo; tal vez deba tomar la que lleva al centro sanitario más próximo por si me agarra un ataque de ansiedad, que estos son muy traicioneros y te pueden asaltar en cualquier momento, claro que si voy hacía allá es posible que me aleje demasiado de mi camino, que si no se cual es tampoco importa mucho ¿no? Y continúan, gente, en el parque, en el semáforo, miro hacía arriba, y más gente, gente cocinando para el día siguiente que están de escaparate, gente que camina frente a mi, pero nadie de tantísima gente parece reconocer mi rostro entre la muchedumbre, ni tan siquiera una sola mirada, aunque sea para esquivarme. ¿Será que he muerto ya? ¿Será que he muerto antes de llegar al centro sanitario?, joder, va a ser eso, sino ¿como explicar que después de un año sin descanso alguno, sin parar de caminar, nadie me haya reconocido? Seguro que el ataque de ansiedad me sobrevino cuando más despistado andaba y me arrebató la vida, si ya lo decía yo, esto pasaría algún día, pero ninguno me hicisteis caso, pensabais que era un vulgar hipocondriaco, un quejica, y al final miradme, ando muerto, cruzándome con gente, con gente viva, con gente que disfruta de sus problemas, de las miradas de otros al cruzar el semáforo que yo cruzo una y otra vez a lo largo de mi eternidad. ¡Oh! Qué desgraciado soy, qué penita doy y encima nadie me ve, estoy muerto, vale, pero ¿alguien puede indicarme el centro sanitario más próximo por favor?